La Autonomía e Iniciativa Personal”, es una de las competencias que se evalúan en el actual sistema educativo. Y, desde que se ha implantado, trato de potenciar esta capacidad, que me parece imprescindible para las personas maduras y adultas. Esta capacidad, a mi poco entender, lo que pretende es que en la escuela se formen personas cada vez más capaces de emprender sus iniciativas de manera autónoma, si ser dependientes de los demás. ¡Fabuloso! Pero choca con la realidad de las aulas, puesto que hasta en los niveles más altos nos encontramos con las preguntas de siempre ¿Esto hay que copiarlo? ¿Esto entra en el examen? ¿Esto es importante? Esta capacidad me parece, también a mi poco entender, que no debe desarrollarse sólo en la escuela y por eso, mientras no cambiemos la mentalidad educativa en los hogares, poco se podrá hacer en “Autonomía e Iniciativa Personal en los centros de enseñanza.
Es difícil conseguir una persona autónoma en el terreno escolar, cuando en casa, le ponen el plato en la mesa, le hacen la cama, no se ha preocupado ni se preocupa por la cooperación en el hogar. Es complicado invitar a los alumnos a tener iniciativa, cuando la educación que le estamos dando consiste básicamente en la relación “lo quiero—lo tengo”. La autonomía e iniciativa personal ha de promoverse desde la primera infancia. No se debe sobreproteger a los niños. Hay que dejarles que afronten pequeños retos ellos solos. Tal como ir a comprar el pan, hacer algún tipo de recado con responsabilidades, preparar la mesa… Con tareas adecuadas a cada edad. De esa manera comprenderá que tiene capacidades que desarrollar en el campo de la autonomía y le ayudará en su desarrollo personal.
Hoy, frecuentemente nos encontramos con chicos y chicas que no saben desenvolverse. No saben diferenciar lo que es importante de lo que no. No son nada críticos con lo que ven y oyen. Utilizo mucho el medio audiovisual en el aula y, tras ver algún reportaje, canción, fragmento de película…, les pido que citen lo más que les ha gustado y no saben hacerlo. Si la actividad consiste en extraer algunos puntos fundamentales o contestar unas preguntas de ese mismo documento, audiovisual o escrito ya ni les cuento. No se pretende que sean eruditos ni con unas capacidades de síntesis del mejor periodista. Lo que echo de menos es, al menos que lo intenten, porque la respuesta es siempre la misma: ¡Ah no sé! Y ya está.
Esa sobreprotección y el tenerlo todo hecho también provoca otra dificultad: son muy poco críticos. Se lo creen todo. Les pides un trabajo y lo copian de un foro o la wikipedia y tan anchos. Solicitas que sean críticos con una situación que se muestra y les cuesta muchísimo. Todo está bien. Todo vale. Por eso considero que se debe hacer un esfuerzo tanto, por parte de las familias como por parte del centro en desarrollar esta competencia, poco valorada y que me parece de un calado importantísimo para el desarrollo de personas maduras y personas felices en nuestra sociedad.
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Amigo Jesús: suscribo tu reflexión y encuentro que lo tú llamas “poco” entender, es más que ancho y abundante para dar cuenta de una realidad que encontramos todos los días en el aula. En parte, así lo pienso yo, hemos tomado por ellos y ellas todas las decisiones importantes, y así los chicos ni se arriesgan ni crecen. Por cierto, me parece que nuestra asignatura, debería ser un espacio de formación para la libertad de la conciencia, dando elementos de juicio, y promoviendo precisamente la iniciativa personal. El hecho mismo de que sea de las pocas áreas escolares que ellos pueden elegir o no, debería jugar a nuestro favor. Un saludo fraterno desde este rinconcito de nuestra isla,
Marcelo